Un precio más bajo por la máquina no garantiza un coste menor para el producto que quiere vender. La diferencia puede estar fuera de esa cifra: un accesorio, la caja impresa o el trabajo de colocar todo dentro.
La unidad de comparación es el conjunto que recibirá el cliente. Si un presupuesto incluye ese conjunto y otro solo el aparato, parte del ahorro aparente responde a una diferencia de alcance.
Lo que falta sigue teniendo un coste
Supongamos que su oferta incluye el aparato, su vaso estándar con tapa, una vaporera y una caja impresa. La vaporera forma parte de su propuesta comercial; no se presupone que todos los robots deban incluirla.
Comprar el accesorio por separado tampoco garantiza que llegue dentro de la caja de venta. Hay que incluir el acondicionamiento final y comparar la misma cantidad, las mismas especificaciones y el mismo punto de entrega.
El ahorro aparente puede convertirse en sobrecoste
Ejemplo hipotético: las cifras solo ilustran el cálculo; no son un presupuesto nuestro ni precios de mercado.
La opción A de este ejemplo cuesta 172 € por el aparato con vaso y tapa, más 14 € por la vaporera y 6 € por la caja impresa y el embalaje final. La opción B incluye ese mismo conjunto completo por 190 €. Las demás características y condiciones de entrega son iguales; ambos precios excluyen transporte e impuestos.
A suma 192 € y B cuesta 190 €. La diferencia inicial de 18 € a favor de A se convierte en un sobrecoste de 2 €. Los primeros precios no describían el mismo producto terminado.
Si aún no se ha presupuestado la vaporera o el embalaje, el total es desconocido. Anotar cero inventaría un ahorro.
Sustituya en su comparativa la fila del precio de la máquina por una que describa el conjunto exacto de venta y añada solo los conceptos facturados aparte que falten para completarlo.
